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-“¿Saga?” –
El regreso de todos los caballeros de Athena a la vida no había resultado como a la Diosa le habría gustado. Para todos ellos, hombres fuertes y poderosos, el tener una nueva oportunidad, no borraba de ninguna manera las renecillas, odios y mal entendidos que existían desde hacía años entre ellos.
-“Buenos días” –
Dos de los más afectados – Y atacados – por gran cantidad de santos, eran los mejores instigadores, manipuladores e ilusionistas del santuario. Los Gemelos Saga y Kanon. Y razones no les faltaban a los santos dorados, la maldad de ambos había llevado casi a la ruina total de uno de los mayores ejércitos jamás creados. Los caballeros del Zodiaco.
Si bien, las disculpas no podían borrar el daño hecho, si podían al menos, ayudar a empezar de nuevo. O eso era lo que Athena, la Diosa Inteligente, le dijera a los gemelos, animándolos a continuar. Como personas y como guerreros.
Aunque fuera más fácil decirlo que hacerlo.
Y mucho más difícil para Saga hacerlo.
Kanon, más arrepentido, o mas alivianado o simplemente por que no le interesaba la opinión de la gente empezó a acercarse un poco más a sus compañeros, recibiendo en el trayecto algunos golpes por parte de Aioria, Shura y MM. Golpes que duelen. Pero golpes que perdonaban al final de cuentas.
- “¿Qué haces Kanon?” –
Saga en cambio…
- “El desayuno ¿No vez?” –
Meses más tarde de su renacimiento, el emperador Poseidón, escoltado por su fiel guerrero Sorrento de Siren, ambos ataviados con sus respectivas armaduras y el General cargando a cuestas una armadura que no era suya, realizaron una visita al santuario. Causando un gran revuelo desde el soldado de rango más bajo, hasta los poderosos santos dorados.
La Diosa , sonriendo y con su bello cosmos brillando majestuosamente ordenó que dejaran pasar al Emperador con su guerrero.
Ambos venían en son de paz.
Deseaban forjar las alianzas que debían haberse echo desde la era del mito entre tío y sobrina.
Un día entero pasaron ambos Dioses conversando, a veces como entes divinos, en otras, como los dos jóvenes en los cuales reencarnaron las divinidades: Saori Kido y Julián Solo.
Al finalizar su reunión, se había llegado al acuerdo de que de ahora en adelante Poseidón y Athena unirían fuerzas para mantener la paz, eso sí, cada uno en su respectivo dominio, evitando desde ese día hasta las centurias venideras, enfrentamiento alguno entre ellos.
Pero…
Poseidón necesitaba un comandante para empezar la nueva gloria de su reino. Necesitaba a Kanon como General supremo de sus huestes.
A Kanon de Sea Dragón.
- “Pero para eso están las Kôres de Athena” –
- “Si pero hoy no, *este* día no”
Kanon fue mandado a llamar esa misma noche en que fuera tomada la decisión. Basta con decir con que el gemelo hasta abrió la boca de la sorpresa. Poseidón le había dado una invitación más allá de lo que el gemelo renegado hubiera soñado nunca en su vida.
Y fue también esa misma noche, que se creó un nuevo lazo entre la tierra y el mundo submarino, por que un representante de Athena pasaba en ese mismo instante a formar parte de las filas de Poseidón.
Ningún caballero dorado protestó por este hecho. Todos internamente deseaban que fuera lo mejor. Ya que a partir de esa noche el gemelo pasaba a ser un ‘embajador' de Athena en las filas de Poseidón.
Solo había uno al que se le revolvían las entrañas por todo aquello.
Saga
- “…” –
- “¿Saga?” –
Poseidón le dio a Kanon dos días para poner todos sus asuntos relacionados al santuario en orden. Pero para el gemelo, solo había una cosa que le importaba en ese instante.
Su hermano.
Tan hermético como siempre, al enterarse de su nombramiento y su ida, no había echo otra cosa mas que encerrarse en su frió mutismo.
Tan característico de él.
Tan común.
Y tan doloroso para ambos.
Kanon sabía que su hermano no la estaba pasando del todo bien, su regreso a la tierra, las culpas y rencores no lo dejaban tranquilo en ningún momento.
- “Tenemos que hablar” –
Saga podía ser un estratega militar. Una mente maestra en el dominio de masas y manipulación de mentes. Frío y calculador. Además de poderoso
¿Y eso que?
Kanon también lo era, y por eso sabia que cuando su hermano se encerraba en su soledad y dolor podía llevarlo a la autodestrucción.
- “No hay nada de que hablar” –
Por eso, el General, el día de su partida, en la mañana le había pedido a las Kôres, quienes se encargaban de toda la limpieza y alimentos del templo de Géminis, que se retiraran. Kanon deseaba hablar con su hermano sin interrupciones, por eso, levantándose más temprano de lo habitual decidió preparar el desayuno y así poder tener una excusa medianamente válida para hablar con Saga
De una u otra forma
- “Claro que si” – Saga, que se sentara en la mesa de la cocina, hizo el intento de levantarse pero Kanon con una rápida reacción lo tomó de los hombros forzándolo a sentarse nuevamente –
- “¡Kanon!”-
- “De aquí no te mueves hasta que yo te lo ordene” – Dijo con un tono de voz que no admitía discusión. El menor acercó una silla frente a la de su testarudo hermano y se sentó en ella de brazos cruzados – “Tenemos y vamos a hablar Saga” –
El mayor frunció el ceño. No quería hablar.
¡No tenía nada que decirle por todos los demonios del Hades!
Ambos hermanos, gemelos y hasta cierto punto amigos se quedaron en silencio. Saga fijó la vista en algún punto perdido de la cocina.
- “Saga mírame ¡¡Sabes lo mucho que me disgusta que cuando hablo no me miren a los ojos!!” –
– “¿Qué pretendes Kanon?” – Respondió al cabo de unos segundos, mirando de soslayo a su hermano -
- “Honestamente… nada” -
- “¡¿Entonces?!” – Levantó ligeramente el tono de voz – “¿Para que rayos me tienes aquí?” –
- “Por que quiero que me escuches” – Aclaró, dejando a su hermano sin saber que decir, se recargó en el respaldo de la silla, y cruzó su pierna derecha, analizando detenidamente sus palabras – “Saga, en unas horas me iré al Templo Submarino…” –
- “Eso ya lo sé, no tienes por que repetírmelo” – Contestó bufando ligeramente adolorido – “¿Y que?, ¿Piensas despedirte de mi? Eso no va contigo… no eres de los que se despiden” -
- “No, no lo soy. Y no pienso despedirme. Solo hay unas cuantas cosas que desde hace un tiempo quiero decirte” –Kanon se quedó en silencio unos segundos escogiendo por donde empezar – “Somos los mayores causantes de uno de los mejores problemas vividos por el santuario, hemos mentido, engañado, abusado y matado sin descaro alguno… Y yo se, que tu no crees en la promesa que hace cuatro meses Athena Parthenos nos dio. ¿Perdón y la reconciliación? Tonterías… eso no va con nosotros, no es nuestro estilo”–
- “No merecemos compasión. Nuestro único derecho es el castigo del Cocytos. Podremos haber cambiado de opinión y luchado por Athena, pero eso no redime lo que hicimos…” –
- “Somos el dúo mal avenido…” – Interrumpió el menor, por primera vez en mucho tiempo formándose un mirada de tristeza en sus ojos – “…Pero aquí estamos…tampoco creo en las palabras de Athena, pero si algo en lo que creo…” –
- “¿Qué cosa?” –
- “Que no debimos nacer…” –
- “… Ya se…” -
- “Tenemos un corazón negro…Acéptalo, así es nuestra alma y eso nunca va cambiar por mas reencarnaciones que tengamos. Tenemos la maldad en nuestros corazones, y eso es lo que te molesta Saga” –
-“No es cierto” – Siseó el santo de la tercera casa entrecerrando los ojos. El rumbo de la conversación empezaba a inquietarle. Kanon por toda respuesta cruzó los brazos detrás de su cabeza balanceando hacia atrás su silla -
- “Saga… te conozco lo suficientemente bien ¿Por qué me mientes? Sabemos perfectamente que no podremos deshacernos de la maldad que llevaremos hasta el día de nuestra muerte…” –
- “Kanon…” -
- “Nos gusta ver la sangre correr por nuestras manos…” –
- “Kanon…” –
-“El placer de escuchar las inútiles suplicas de personas inocentes…” –
- “Basta…” –
- “La perversidad. El goce del poder. Tener la vida de esos necios en nuestras manos. Destruir. Destruir todo lo posible a nuestro alrededor. Destruir a los demás, a los Santos, a la Diosa , a nosotros mismos…” –
- “¡¡KANON!!” – Gritó Saga tirando la silla detrás suyo al levantarse enojado, Kanon dejó de balancearse mirándolo inquisidoramente – “¡¡Deja de decirme todo lo que ya se!! ¡¡Somos todo eso y MAS!! ¡¡MUCHO MAS!!” –
El mayor de los Gemelos dio media vuelta, no quería que su hermano viera el poco control que estaba demostrando en ese momento
- “¡¡Lo que mas queremos es imponer nuestra voluntad sin importar quien se interponga!! ¡¡Y el osado que tan siquiera lo piense debe morir!! ¡¡Lo sé!! ¡¡Maldita sea, eso lo se!!” -
Saga cerró los puños, respirando con fuerza. Odiaba a Kanon por recordarle todos esos sentimientos ¿Qué pretendía?, ¿Verlo desquebrajarse frente a su ojos?.
¡¡Le rompería la cara por eso!!
Sintió como su hermano se paraba justo detrás de él y dando media lanzó su puño para golpearlo en la cara…
Pero Kanon detuvo el golpe con su mano. La mirada del General era fría, terriblemente fría.
El ambiente de la cocina se electrizó por varios segundos. Los gemelos se analizaban calculadoramente. Saga aun con su puño en alto y Kanon reteniendo el golpe.
- “¿Y que mas?” – Preguntó Sea Dragón sin bajar la guardia – “¡¿QUE MAS?!” – Gritó empujando con la mano que detuviera el puño de Saga, provocando que su hermano tuviera que dar un paso hacia atrás – “¡¡¿Qué mas pasa por esa pelota hueca que tienes por cabeza?!!” –
- “¡¡Que te importa!!” – Gritó por respuesta imponiendo un poco mas de fuerza a su puño, equilibrando una vez más las cosas. La energía que rodeaba a los gemelos empezaba a generar chispas de cosmos –
- “¡¡MALDITA SEA SAGA, POR UNA VEZ EN TODA TU PUTA VIDA DIME LO QUE PIENSAS!!” – Dijo Kanon, siento esta vez él quien lanzara un puñetazo a Saga que lo retuvo con su mano libre. Sus cosmos se incendiaron girando a su alrededor – “¡¡Te gusta hacer tu santa voluntad!! ¡¡Te gusta matar!! ¿Y?... ¡¡Eso fue antes!! ¡¡Ahora es distinto!!” –
- “¡NO ES CIERTO!” – Saga trató de empujar a su hermano, para tirarlo y dar fin a la discusión, pero Kanon se impuso - “¡¡Nada ha cambiado!! ¡¡Todos los días es lo mismo!!¡¡No hay uno solo en el que no piense en el poder!! ¡¡En que pueda ser yo quien ostente el cargo del Patriarca!! ¡¡Que tenga la Niké en mi mano derecha!! ¡Y a la Diosa muerta!, ¡Maldición Kanon!, ¡¡Deseo tanto arrancarle la piel a Mu, Aldebarán y Docko cuando veo la compasión en sus ojos!!” – Cerró los ojos con fuerza para dejar de pensar. ¡Estaba cometiendo acto de traición con el solo pensar y mucho peor decir esas palabras!
¡Una traición que ameritaba la muerte!
¡¡¿Por qué diantres nadie lo mataba de una buena vez?!!
Mejor pregunta. ¿Por qué no se mataba así mismo?
Saga elevó aun más su cosmos involuntariamente e imprimiendo mas fuerza a su puño terminó por vencer la resistencia de Kanon, golpeándolo en el rostro y tirándolo con fuerza contra una de las sillas que se quebró con el impacto.
Ninguno dijo e hizo nada durante los siguientes minutos.
- “Ya vez que no era tan difícil…” – Musito Kanon acostado en el piso, completamente relajado y con la vista fija en el techo – “¿Saga?” –
El hermano miraba el suelo, tenía las manos tensas a sus costados, su semblante abstraído revelaba que no prestaba atención alguna. Kanon sonrió de soslayo y se incorporó quitando algunos pedazos de la deshecha silla de su camino. Y sin más, recogió del suelo la silla que tirara su hermano y se sentó en ella cruzando los brazos y cerrando los ojos
- “No era tan difícil que me dijeras lo que pensabas Saga. Siendo honestos, no quería que llegara a tanto” – Se frotó la mejilla – “¿Me estas poniendo atención?” – Preguntó abriendo a los ojos, Saga lo miró pero con el ceño fruncido –
- “¿Por qué Kanon?” –
- “¿Por qué… que?” –
- “No estoy de humor para tus chistecitos” –
- “Nunca lo estas. Solo quería saber que rayos pasa en ese laberinto que tienes por cabeza. Es todo. Y la única manera que conozco para que hables es sacándote de tu estado ‘Mírenme, soy el señor perfección' ” –
- “Pues bien, ya lo lograste…” – Respondió amargamente – “¿Contento?, Ya declaré que pienso matar a la Diosa ¡Ve y corre con ella para que me enjuicie! ¡Me harías un favor!” –
- “¿Y eso de que serviría? Estoy mas que seguro que Athena debe estar al corriente de lo que piensas… y de lo que yo pienso” –
- “Mas a mi favor” – Gruñó – “No debo de estar aquí” –
Kanon suspiró.
¡¡Saga si que era un necio cuando se lo proponía!!
¡¡Y mira que el mismo era necio hasta para reconocer eso!!
- “¿Te confieso un secreto?” – Preguntó sin esperar respuesta – “Yo pienso igual que tú” – Saga entrecerró los ojos -
- “¿De que hablas?” –
- “Sip, yo pienso también en tener el poder del Santuario, incluso voy mas allá…” – Sonrió con malicia – “Yo quiero tener una vez mas el control sobre el mundo submarino. Si controlas el agua ¿Para que necesitas la Tierra ?” -
- “¡Que nadie te oiga decir esas blasfemias Kanon!” – Le gritó tomando por la solapa a su hermano que no dejaba de sonreír –
- “¿Y por que no?” – Kanon tomó el brazo de Saga obligándolo a soltarlo – “Si hasta en eso somos iguales Saga” -
- “Mientes…Si así fuera no vivirías tan tranquilo en el Santuario” –
- “No miento. No es fácil mentir contigo cerca. Me conoces lo suficientemente bien que sabes cuando estoy inventando el mas absurdo de los pretexto y cuando no. Mírame a los ojos y dime ¿Estoy mintiendo?” -
Saga volvió a gruñir e involuntariamente obedeció a su hermano menor. Kanon lo miraba sin pestañear permitiéndole ver en su alma. Un alma que era compartida por los dos.
Y el Santo de Géminis pestañeo.
Kanon no mentía. Eran verdad todas y cada una de sus palabras.
- “¿Cómo… Como puedes?” –
- “¿Cómo puedo que?” – Géminis dio un paso hacia atrás, buscando una de las sillas sobrevivientes de la cocina y se sentó en ella, hundiendo su cabeza entre sus manos –
- “¿Saga?” -
-¿Cómo puedes pensar en todas esas cosas y estar tan calmado Kanon?” – Preguntó al fin, verdaderamente sin una respuesta a la forma de ser de su hermano menor –
- “No es fácil. Pero tampoco imposible” – Kanon volvió a sentarse y miró detenidamente la cocina pensando en como le explicaría a Saga su teoría sin que él le cambiara el sentido a sus palabras - “Todos los días me levanto y lo primero que me viene a la cabeza son dos cosas: Una… que no haya agua rodeándome. ¡No digas nada al respecto o te golpearé!. Y la segunda: ¿Cuál es la mejor forma de torturar a una persona? Si, ya lo se, no son exactamente los pensamientos mas dulces que pueda tener hacia el prójimo ¡No me lo reproches!” – Su hermano no dijo nada - “Y todos los días, después de esas *lindas* sensaciones me doy inmediatamente un golpe alejando esos pensamientos. Y me esfuerzo por recordar una sola cosa…” –
- “¿Cuál?” – Preguntó Saga verdaderamente interesado. Kanon como parte de su respuesta sonrió traviesamente –
- “Nuestra infancia” – El santo de Géminis enarcó una ceja –
- “¿Nuestra infancia?” –
- “No me mires así… No se que tanto lo recuerdas Saga, pero cuando éramos niños…” – Bajó la voz avergonzado – “No éramos malos… éramos solo… niños… con pesadas cargas y con exceso de traumas que enloquecerían a cualquier psicólogo, pero dentro de lo que se podía decir, éramos ‘normales'. No ambicionábamos el poder, ni la gloria, nunca pasaba por nuestra enferma cabeza nada parecido. Por eso me hago siempre la misma pregunta… ¿Si cuando niños éramos buenas personas, por que ahora de adultos no podemos serlo?” –
Kanon miró a Saga, quien no dijo nada.
Él tampoco podía responder esa pregunta.
- “Yo se que eso no perdona lo hecho al Santuario y a nuestros compañeros. Pero eso ya no puedo cambiarlo. Y ni me interesa hacerlo. Que flojera. Pero me da la esperanza para saber que si algún día fui así, puedo volverlo a ser y *tratar* dentro de lo que se pueda decir ‘ser buena persona'” – El hermano mayor lo meditó unos segundos -
- “¿Nunca has pensando que en algún momento podrías volver a caer?” – Preguntó Saga seriamente. Kanon asintió -
- “Si. Y me preocupa saber que sino me esfuerzo recaiga en la tentación de nuestra estrella, y otra vez comenta la locura de querer la gloria que solo los Dioses deben tener. ¿Pero sabes que me consuela?” -
El mayor negó con la cabeza
- “Que nunca fuimos del todo malos. Bueno… no lo fuimos cuando niños ¿O si?” -
- “¿Darme sustos en la medianoche, no cuenta?” – Comentó Saga sonriendo ligeramente al recordar ese pasaje de su vida. Kanon lo imitó –
- “No, no cuenta. ¡Era un amor de niño ahora que lo pienso!” – El hermano menor rió de su propia broma - “Si no estábamos tan mal antes, ¿Por qué tiene que ser diferente ahora? Me hago esa pregunta y créeme, me ha funcionado. Quisiera que a ti te funcionara…” –
- “Es… difícil…” -
- “Somos malos Saga, pero podemos encerrar esa maldad. Y aprender a vivir con ella. De nosotros depende que lo que guíe nuestros actos sea la sensatez o la locura. Yo honestamente prefiero la sensatez con un toque de locura” – Sonrió desganado por su ocurrencia – “Y tal vez así algún día, las palabras de la princesa Athena se cumplan. No lo se…” -
Kanon así terminó su conversación.
El desayuno se había enfriado.
Y Saga no dijo más en todo lo que pasó del día.
Kanon partiría esa misma tarde hacia su destino.
11 de Noviembre de 2007 al 13 de Noviembre de 2007
Ethel
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